Mi libreta - Sheila Matias https://www.sheilamatias.com Fri, 17 Jan 2020 15:07:37 +0000 es hourly 1 https://www.sheilamatias.com/wp-content/uploads/2019/05/cropped-icono-blog-AFDS-2-32x32.png Mi libreta - Sheila Matias https://www.sheilamatias.com 32 32 149608115 Nosotros, los de los 90 https://www.sheilamatias.com/nosotros-los-de-los-90_2/ https://www.sheilamatias.com/nosotros-los-de-los-90_2/#comments Mon, 02 Jul 2018 23:24:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2018/07/02/nosotros-los-de-los-90_2/ No importa la edad, creo que a todos sin excepción, nos llega la nostalgia, la añoranza por los tiempos en los que fuimos niños o adolescentes quizás, en fin, los tiempos en los que todo era más fácil y no lo sabíamos. Yo estoy en etapa de añoranzas, y me voy a delatar al decir: ¡Qué falta me hacen los 90!, porque si bien es cierto que antes algunas cosas eran más complicadas, me ha costado acostumbrarme a la sobre información, la sobre exposición, la inmediatez y rapidez de ahora, lo que me hace extrañar la sencillez y simpleza con la que se vivía en esos tiempos. Si como yo, parte de tu niñez o tu adolescencia transcurrieron en esta época, sabrás de lo que hablo: Los de los 90 no conocíamos el »selfie», habría sido un sacrilegio gastar un rollo que se destinaba a una sola actividad, muchas veces a varias, en este tipo de fotos. Debíamos aprovechar y por eso en la mayoría de los recuerdos que guardamos de la época, sale mucha gente. Juntarnos a ver las fotos reveladas o el vídeo de los últimos 15 era todo un evento y también la excusa perfecta para socializar, cosa que se nos daba de lo más natural. Ser »cool» se definía por si usabas la mochila con dos tiros o uno solo. Para aprendernos las letras de las canciones teníamos que grabarlas en un casete y darle para adelante y para atrás para copiarlas en un cuaderno o en su defecto, recortarlas de la revista Listín 2000. Para hacer un trabajo del colegio nos íbamos en grupo a la Biblioteca Nacional o la Biblioteca República Dominicana y ya allí, buscar la información que necesitábamos y sacarle copia o escribirla en el cuaderno, porque »a las enciclopedias no se les saca copia». En un nivel más avanzado, consultábamos ENCARTA.  La tragedia más grande era que al casete con tu música favorita se le saliera la cinta o que el toca casete la enredara, lo cual, si no se rompía, arreglábamos dándole vueltas a los orificios con un lápiz. Solo los de los 90 sabemos lo que es esperar tu canción favorita en la radio para grabarla y que el locutor saliera hablando antes de que se acabara, lo que muchas veces nos llevaba a llamar a la emisora, pedir la canción y a la vez pedirle que por favor no hablara, porque la ibas a grabar. Las películas que alquilábamos en el vídeo club, teníamos que rebobinarlas al principio antes de devolverlas. Dar latas (hacer bromas) por teléfono era un deporte nacional, hasta que vino CODETEL a arruinarlo introduciendo el »Caller ID». Tener un »walkman» era »cool», luego tener un »discman» era »cool» y el que tenía un »walkman» estaba quedado o era tu abuela. Jugar videojuegos no era algo que hacíamos solos, esto era una actividad vespertina en la que fácilmente se conglomeraban todos los niños del sector y en el que cada uno debía esperar su turno para jugar. Hablábamos mucho por teléfono, todavía recuerdo una agenda roja que heredé de mi hermana en la que tenía todos los números de teléfono de mis amiguitas y uno de mis pasatiempos era pasarme una tarde llamándolas a todas. Cuando alguien se iba de viaje, aprovechábamos para enviar cartas a nuestros familiares, en las que les contábamos las últimas novedades y para saludar. En los 90 había de todo en cuanto a estilo y preferencias y cada quién se identificaba por uno: metálico, »joe», jevito, »selfin» (»surfer») y parigüayo, de eso siempre ha habido. Solo los de los 90 sabemos sobre los viajes a MEHONCA a comprar brilla labios de frutas y pucas. ¿Quién no fue a una fiesta de promoción en Omni? Nuestro mayor reto era pasar todos los niveles de TETRIS. ¿A que también te agarró la nostalgia?  

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No importa la edad, creo que a todos sin excepción, nos llega la nostalgia, la añoranza por los tiempos en los que fuimos niños o adolescentes quizás, en fin, los tiempos en los que todo era más fácil y no lo sabíamos.

Yo estoy en etapa de añoranzas, y me voy a delatar al decir: ¡Qué falta me hacen los 90!, porque si bien es cierto que antes algunas cosas eran más complicadas, me ha costado acostumbrarme a la sobre información, la sobre exposición, la inmediatez y rapidez de ahora, lo que me hace extrañar la sencillez y simpleza con la que se vivía en esos tiempos. Si como yo, parte de tu niñez o tu adolescencia transcurrieron en esta época, sabrás de lo que hablo:

  • Los de los 90 no conocíamos el »selfie», habría sido un sacrilegio gastar un rollo que se destinaba a una sola actividad, muchas veces a varias, en este tipo de fotos. Debíamos aprovechar y por eso en la mayoría de los recuerdos que guardamos de la época, sale mucha gente.
  • Juntarnos a ver las fotos reveladas o el vídeo de los últimos 15 era todo un evento y también la excusa perfecta para socializar, cosa que se nos daba de lo más natural.
  • Ser »cool» se definía por si usabas la mochila con dos tiros o uno solo.
  • Para aprendernos las letras de las canciones teníamos que grabarlas en un casete y darle para adelante y para atrás para copiarlas en un cuaderno o en su defecto, recortarlas de la revista Listín 2000.
  • Para hacer un trabajo del colegio nos íbamos en grupo a la Biblioteca Nacional o la Biblioteca República Dominicana y ya allí, buscar la información que necesitábamos y sacarle copia o escribirla en el cuaderno, porque »a las enciclopedias no se les saca copia». En un nivel más avanzado, consultábamos ENCARTA. 
  • La tragedia más grande era que al casete con tu música favorita se le saliera la cinta o que el toca casete la enredara, lo cual, si no se rompía, arreglábamos dándole vueltas a los orificios con un lápiz.
  • Solo los de los 90 sabemos lo que es esperar tu canción favorita en la radio para grabarla y que el locutor saliera hablando antes de que se acabara, lo que muchas veces nos llevaba a llamar a la emisora, pedir la canción y a la vez pedirle que por favor no hablara, porque la ibas a grabar.
  • Las películas que alquilábamos en el vídeo club, teníamos que rebobinarlas al principio antes de devolverlas.
  • Dar latas (hacer bromas) por teléfono era un deporte nacional, hasta que vino CODETEL a arruinarlo introduciendo el »Caller ID».
  • Tener un »walkman» era »cool», luego tener un »discman» era »cool» y el que tenía un »walkman» estaba quedado o era tu abuela.
  • Jugar videojuegos no era algo que hacíamos solos, esto era una actividad vespertina en la que fácilmente se conglomeraban todos los niños del sector y en el que cada uno debía esperar su turno para jugar.
  • Hablábamos mucho por teléfono, todavía recuerdo una agenda roja que heredé de mi hermana en la que tenía todos los números de teléfono de mis amiguitas y uno de mis pasatiempos era pasarme una tarde llamándolas a todas.
  • Cuando alguien se iba de viaje, aprovechábamos para enviar cartas a nuestros familiares, en las que les contábamos las últimas novedades y para saludar.
  • En los 90 había de todo en cuanto a estilo y preferencias y cada quién se identificaba por uno: metálico, »joe», jevito, »selfin» (»surfer») y parigüayo, de eso siempre ha habido.
  • Solo los de los 90 sabemos sobre los viajes a MEHONCA a comprar brilla labios de frutas y pucas.
  • ¿Quién no fue a una fiesta de promoción en Omni?
  • Nuestro mayor reto era pasar todos los niveles de TETRIS.
¿A que también te agarró la nostalgia?

 

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Lecciones que aprendí del matrimonio https://www.sheilamatias.com/lecciones-que-aprendi-del-matrimonio/ https://www.sheilamatias.com/lecciones-que-aprendi-del-matrimonio/#respond Fri, 26 Jan 2018 19:33:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2018/01/26/lecciones-que-aprendi-del-matrimonio/ Yo experta en relaciones de pareja no soy, ni psicóloga, ni nada que se le parezca. Sí tengo varios años en una relación estable, pero no porque él sea un príncipe azul y yo la princesa encantada, para nada, si hay épocas en las que nos parecemos más a Jack Veneno y Relámpago Hernández, no por violentos, que eso no cabe dentro de una relación sana, sino porque no todo son rosas y chispitas de colores y porque mantenernos juntos, como en cualquier relación de mucho tiempo, ha sido a base de lucha, esfuerzo, sacrificios y errores de los que aprender. Aclarado el punto de que no soy Aná Simó, te dejo los aprendizajes que me ha dejado compartir el mismo techo con mi consorte desde hace 11 años: • Las relaciones de pareja no son perfectas: no importa si entre esos amigos solo veas sonrisas y destellos y si su Facebook e Instagram son tan dulces que empalagan. Sí, hay relaciones en las que sus miembros se llevan mejor que en otras, definitivamente, pero perfectas no son y las diferencias y discusiones son necesarias para el fortalecimiento de la relación. No es cierto el cuento de que una relación sana y estable está exenta de conflictos. • No publicar todo: subir las fotos de tu cónyuge en redes no es nada malo, por algo son plataformas sociales, pero hay cosas que es mejor quedárselas, los momentos íntimos como una cena, una salida y los detalles de un encuentro romántico no son incumbencia de nadie, además, un celular de por medio puede entorpecer la velada. No hay que demostrarle nada a nadie, aparte de que deben existir momentos solo de los dos, no de los dos y sus dos mil amigos. • Los trapitos sucios se lavan en casa: todos necesitamos hablar, aunque los hombres se hagan los fuertes con eso y, a veces, cuando surge el deseo de ser escuchado cae muy bien echar esa conversación con esa amiga o ese amigo que te comprende, pero así como hay cosas buenas que es mejor guardar, hay discusiones y conflictos que son solo de la pareja (ojo, aquí no entran el maltrato ni la violencia). ¿Y qué decir de las indirectas en redes sociales? Nunca, never, jamais darle a los demás de qué hablar, hacerlo solo servirá para su entretenimiento. • Respirar y contar hasta 10 será obligatorio de vez en cuando: se aman, pero habrán días en los que querrás arrancarte todos los cabellos de la cabeza o desearás que existiera un control que pusiera en mute a las personas ¡Dos para mí, por favor! • Hay que pedir lo que se quiere: el otro no es adivino, ni lee pensamientos, si quiero algo debo pedirlo y no asumir que sabe exactamente lo que quiero. Si necesito ayuda, la pido, si necesito que sepa cómo me siento, lo digo. • Salir juntos: ese tiempo a solas y fuera del techo compartido, reconecta. Agendar una cita cada cierto tiempo, debería ser tarea obligatoria. Y aunque después de tener hijos esto puede ser algo complicado, hay que hacer el esfuerzo por buscar ese espacio para ambos. Un ambiente diferente, disminuye las tensiones. • Actividades por separado: así como es necesario salir juntos, es igual de necesario tener hobbies y momentos de recreación por separado, solos o con amigos, para no sentirse atados el uno al otro y que esto no traiga como consecuencia el rechazo hacia la relación, tener libertad respetando siempre el compromiso. Ambos deben comprender que es necesario este tiempo a solas, sin amenazas de uno hacia el otro, sin berrinches y sin imposiciones. • La felicidad es una responsabilidad propia: es necesario que te complementes con la persona con la que pretendes dormir el resto de tu vida, pero creer que serás feliz automáticamente por ello, o que lo qué necesitas es casarte para sentirte completo, es hacerte ilusiones, nadie puede darte la felicidad, por más que quiera, ponerla en manos de otro, es darle una carga muy pesada. • Habrán crisis: momentos difíciles, de muchas peleas y conflictos en los que colgar la toalla será el principal deseo, momentos en los que hay que poner en una balanza las cosas buenas y aquellas no tan buenas y momentos en los que sentiré que no te quiero (eso si lo dijo Ana Simó) y es totalmente normal.

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Yo experta en relaciones de pareja no soy, ni psicóloga, ni nada que se le parezca. Sí tengo varios años en una relación estable, pero no porque él sea un príncipe azul y yo la princesa encantada, para nada, si hay épocas en las que nos parecemos más a Jack Veneno y Relámpago Hernández, no por violentos, que eso no cabe dentro de una relación sana, sino porque no todo son rosas y chispitas de colores y porque mantenernos juntos, como en cualquier relación de mucho tiempo, ha sido a base de lucha, esfuerzo, sacrificios y errores de los que aprender. Aclarado el punto de que no soy Aná Simó, te dejo los aprendizajes que me ha dejado compartir el mismo techo con mi consorte desde hace 11 años:

• Las relaciones de pareja no son perfectas: no importa si entre esos amigos solo veas sonrisas y destellos y si su Facebook e Instagram son tan dulces que empalagan. Sí, hay relaciones en las que sus miembros se llevan mejor que en otras, definitivamente, pero perfectas no son y las diferencias y discusiones son necesarias para el fortalecimiento de la relación. No es cierto el cuento de que una relación sana y estable está exenta de conflictos.

• No publicar todo: subir las fotos de tu cónyuge en redes no es nada malo, por algo son plataformas sociales, pero hay cosas que es mejor quedárselas, los momentos íntimos como una cena, una salida y los detalles de un encuentro romántico no son incumbencia de nadie, además, un celular de por medio puede entorpecer la velada. No hay que demostrarle nada a nadie, aparte de que deben existir momentos solo de los dos, no de los dos y sus dos mil amigos.

• Los trapitos sucios se lavan en casa: todos necesitamos hablar, aunque los hombres se hagan los fuertes con eso y, a veces, cuando surge el deseo de ser escuchado cae muy bien echar esa conversación con esa amiga o ese amigo que te comprende, pero así como hay cosas buenas que es mejor guardar, hay discusiones y conflictos que son solo de la pareja (ojo, aquí no entran el maltrato ni la violencia).

¿Y qué decir de las indirectas en redes sociales? Nunca, never, jamais darle a los demás de qué hablar, hacerlo solo servirá para su entretenimiento.

• Respirar y contar hasta 10 será obligatorio de vez en cuando: se aman, pero habrán días en los que querrás arrancarte todos los cabellos de la cabeza o desearás que existiera un control que pusiera en mute a las personas ¡Dos para mí, por favor!

• Hay que pedir lo que se quiere: el otro no es adivino, ni lee pensamientos, si quiero algo debo pedirlo y no asumir que sabe exactamente lo que quiero. Si necesito ayuda, la pido, si necesito que sepa cómo me siento, lo digo.

• Salir juntos: ese tiempo a solas y fuera del techo compartido, reconecta. Agendar una cita cada cierto tiempo, debería ser tarea obligatoria. Y aunque después de tener hijos esto puede ser algo complicado, hay que hacer el esfuerzo por buscar ese espacio para ambos. Un ambiente diferente, disminuye las tensiones.

• Actividades por separado: así como es necesario salir juntos, es igual de necesario tener hobbies y momentos de recreación por separado, solos o con amigos, para no sentirse atados el uno al otro y que esto no traiga como consecuencia el rechazo hacia la relación, tener libertad respetando siempre el compromiso. Ambos deben comprender que es necesario este tiempo a solas, sin amenazas de uno hacia el otro, sin berrinches y sin imposiciones.

• La felicidad es una responsabilidad propia: es necesario que te complementes con la persona con la que pretendes dormir el resto de tu vida, pero creer que serás feliz automáticamente por ello, o que lo qué necesitas es casarte para sentirte completo, es hacerte ilusiones, nadie puede darte la felicidad, por más que quiera, ponerla en manos de otro, es darle una carga muy pesada.

• Habrán crisis: momentos difíciles, de muchas peleas y conflictos en los que colgar la toalla será el principal deseo, momentos en los que hay que poner en una balanza las cosas buenas y aquellas no tan buenas y momentos en los que sentiré que no te quiero (eso si lo dijo Ana Simó) y es totalmente normal.

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Cómo dejar de ser un odioso 2.0 https://www.sheilamatias.com/como-dejar-de-ser-un-odioso-2-0/ https://www.sheilamatias.com/como-dejar-de-ser-un-odioso-2-0/#respond Sun, 24 Jul 2016 04:00:59 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/?p=645 Hace unas semanas atrás escribí sobre esos seres del nuevo milenio, odiados por odiar y con los que nadie quisiera tener que lidiar, pero que lamentablemente existen, los HATERS. Pero mi intención no es la de volver a describir estas personas cuyo trabajo es escudriñarse en las redes sociales de los demás para sacarlos de sus casillas, de eso ya escribí en este post, lo que sí quiero es ofrecerte unos pequeños consejos que te evitarán convertirte en uno de ellos, o si ya eres uno, te ayudarán a encaminarte a la rehabilitación. Te presento mis REGLAS DE CONVIVENCIA PARA EL MUNDO 2.0, las que aplico a diario y con las que me evito disputas: No comentar sobre todo: No es necesario comentarlo todo, créeme, en especial si no estás de acuerdo con algo. A veces cuesta y más con las barbaridades que pueden verse publicadas por ahí, pero no todo lo que se piensa se dice, así que respira, haz otra cosa y olvida el asunto. Esto resulta muy útil para la vida offline también. Sin ofensas: Si después de respirar, entiendes que debes comentar, por un asunto de justicia tal vez, procura usar tus palabras para edificar y no para hundir. Todos sin excepción merecen respeto. Dejar de seguir: Como otros derechos, también tienes el de decidir a quién seguir y a quién no, así que ya sea porque te dejó de gustar la cuenta de una persona, o no te agradan sus publicaciones o simplemente su filosofía no va contigo, con un solo clic te evitas martirios, así sin más, sin avisos anticipados, sin drama, ni complicaciones. Y por último, pero no menos importante: Busca una vida: Nada pone más en evidencia el exceso de tiempo libre como el dedicarse a dejar comentarios odiosos en los espacios virtuales de otros, así que procura ocupar tu tiempo en cosas productivas y positivas, lee un libro, ve una película, inicia algún proyecto y disminuye el tiempo que pasas en internet. Estas son 4 simples y muy personales reglas, que bien ayudan a mantener la fiesta en paz en el mundo online.

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Hace unas semanas atrás escribí sobre esos seres del nuevo milenio, odiados por odiar y con los que nadie quisiera tener que lidiar, pero que lamentablemente existen, los HATERS.

Pero mi intención no es la de volver a describir estas personas cuyo trabajo es escudriñarse en las redes sociales de los demás para sacarlos de sus casillas, de eso ya escribí en este post, lo que sí quiero es ofrecerte unos pequeños consejos que te evitarán convertirte en uno de ellos, o si ya eres uno, te ayudarán a encaminarte a la rehabilitación. Te presento mis REGLAS DE CONVIVENCIA PARA EL MUNDO 2.0, las que aplico a diario y con las que me evito disputas:

No comentar sobre todo:
No es necesario comentarlo todo, créeme, en especial si no estás de acuerdo con algo. A veces cuesta y más con las barbaridades que pueden verse publicadas por ahí, pero no todo lo que se piensa se dice, así que respira, haz otra cosa y olvida el asunto. Esto resulta muy útil para la vida offline también.

Sin ofensas:
Si después de respirar, entiendes que debes comentar, por un asunto de justicia tal vez, procura usar tus palabras para edificar y no para hundir. Todos sin excepción merecen respeto.

Dejar de seguir:
Como otros derechos, también tienes el de decidir a quién seguir y a quién no, así que ya sea porque te dejó de gustar la cuenta de una persona, o no te agradan sus publicaciones o simplemente su filosofía no va contigo, con un solo clic te evitas martirios, así sin más, sin avisos anticipados, sin drama, ni complicaciones. Y por último, pero no menos importante:

Busca una vida:
Nada pone más en evidencia el exceso de tiempo libre como el dedicarse a dejar comentarios odiosos en los espacios virtuales de otros, así que procura ocupar tu tiempo en cosas productivas y positivas, lee un libro, ve una película, inicia algún proyecto y disminuye el tiempo que pasas en internet.

Estas son 4 simples y muy personales reglas, que bien ayudan a mantener la fiesta en paz en el mundo online.

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De Baldor y demás odiados https://www.sheilamatias.com/de-baldor-y-demas-odiados/ https://www.sheilamatias.com/de-baldor-y-demas-odiados/#respond Mon, 18 Jul 2016 22:23:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2016/07/18/de-baldor-y-demas-odiados/ Tenía una profesora tan, pero tan chistosa, que para unas vacaciones de Semana Santa se le ocurrió nada más y nada menos que asignarnos 134 ejercicios de algo llamado factorización que tenía el Álgebra de Baldor. Aquel hecho me hizo pasar del «no me gustan» al «odio las matemáticas» y aunque fue una suma de acontecimientos y profesores la que hizo que no contemplara esta ciencia como carrera (pues mi lucha por entenderla era constante), esta fue la gota que derramó el vaso. Soy consciente de que las matemáticas, en un nivel básico o hasta medio, son necesarias para la vida, aunque no vivas de ellas, pero en este preciso instante, aún no sé para qué me han servido la factorización, las ecuaciones y demás familiares. En su lugar, aquellos maestros debieron haber ocupado su tiempo en enseñarme cosas que sí me habrían servido para la vida, por las que les habría agradecido y por las que nunca los recordaría con desprecio. No quiero ser malinterpretada, soy amante del aprendizaje, pero tantas teorías de las que al final solo recuerdo algunas, me habrían sido de mayor provecho si se hubieran conjugado con una mejor preparación para la vida adulta. ¿Qué tal si hubiera aprendido a dar mantenimiento a un vehículo, a manejar las finanzas de un hogar, administrar un negocio, a tener paciencia en el tránsito, o mejor aún, qué tal si hubiera aprendido sobre educación vial, a mantener viva una planta, a entender de baseball, cómo evitar desmayarme si mi hijo llega a sangrar o a cómo sobrevivir cuando soy la única mujer en la casa? Esto por mencionar algunos ejemplos de momentos en los que tuve que tomar al toro por los cuernos, revestirme de paciencia y recurrir al auto aprendizaje, porque el Teorema de Pitágoras y la trigonometría no estuvieron allí y porque un tiempo que a mi entender pudo ser mejor empleado, se invirtió en que todos aprendiéramos lo mismo y de la misma forma, en obviar las aptitudes y talentos particulares y en enviarnos a la pizarra a resolver problemas de lecciones que no habíamos entendido. Lo bueno es que la historia tiene un final feliz, en la universidad encontré al mejor maestro de matemáticas que jamás tuve, era dedicado y no le importaba explicar más de una vez si no entendíamos, hacía la clase relajada y amena ¿La ironía? Me exoneraron el examen final. Fue mi cierre triunfal con las ciencias exactas y sus operaciones complicadas que solo han estado en mi vida para ponerles mala cara.

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Tenía una profesora tan, pero tan chistosa, que para unas vacaciones de Semana Santa se le ocurrió nada más y nada menos que asignarnos 134 ejercicios de algo llamado factorización que tenía el Álgebra de BaldorAquel hecho me hizo pasar del «no me gustan» al «odio las matemáticas» y aunque fue una suma de acontecimientos y profesores la que hizo que no contemplara esta ciencia como carrera (pues mi lucha por entenderla era constante), esta fue la gota que derramó el vaso.

Soy consciente de que las matemáticas, en un nivel básico o hasta medio, son necesarias para la vida, aunque no vivas de ellas, pero en este preciso instante, aún no sé para qué me han servido la factorización, las ecuaciones y demás familiares. En su lugar, aquellos maestros debieron haber ocupado su tiempo en enseñarme cosas que sí me habrían servido para la vida, por las que les habría agradecido y por las que nunca los recordaría con desprecio.

No quiero ser malinterpretada, soy amante del aprendizaje, pero tantas teorías de las que al final solo recuerdo algunas, me habrían sido de mayor provecho si se hubieran conjugado con una mejor preparación para la vida adulta. ¿Qué tal si hubiera aprendido a dar mantenimiento a un vehículo, a manejar las finanzas de un hogar, administrar un negocio, a tener paciencia en el tránsito, o mejor aún, qué tal si hubiera aprendido sobre educación vial, a mantener viva una planta, a entender de baseball, cómo evitar desmayarme si mi hijo llega a sangrar o a cómo sobrevivir cuando soy la única mujer en la casa?

Esto por mencionar algunos ejemplos de momentos en los que tuve que tomar al toro por los cuernos, revestirme de paciencia y recurrir al auto aprendizaje, porque el Teorema de Pitágoras y la trigonometría no estuvieron allí y porque un tiempo que a mi entender pudo ser mejor empleado, se invirtió en que todos aprendiéramos lo mismo y de la misma forma, en obviar las aptitudes y talentos particulares y en enviarnos a la pizarra a resolver problemas de lecciones que no habíamos entendido.

Lo bueno es que la historia tiene un final feliz, en la universidad encontré al mejor maestro de matemáticas que jamás tuve, era dedicado y no le importaba explicar más de una vez si no entendíamos, hacía la clase relajada y amena ¿La ironía? Me exoneraron el examen final. Fue mi cierre triunfal con las ciencias exactas y sus operaciones complicadas que solo han estado en mi vida para ponerles mala cara.

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Haters https://www.sheilamatias.com/haters/ https://www.sheilamatias.com/haters/#respond Sun, 05 Jun 2016 12:00:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2016/06/05/haters/ Qué bueno que existe la libertad de expresión, que bueno que decir lo que pienso y siento, siempre y cuando esté dentro del marco de la verdad, sea un derecho humano ¡Qué bueno, me alegro! Me alegro de que hoy pueda dar mi opinión libremente sobre cualquier tema. Pero he notado que este derecho está sumamente desvirtuado por muchos y esto es casi palpable en las redes sociales, pues bajo el alegato de «esa es mi opinión», muchos «comentaristas» disparan ofensas, críticas e insultos sin ton ni son. Sé que esto no es nuevo, al menos en este país la gente da consejos que no le piden (hasta yo lo he hecho), pero casi siempre bajo buena fe. El problema es que ha habido una proliferación de «opinólogos» malintencionados en línea, que emiten un palabrerío que quizás no se atreverían a decir cara a cara. ¿Lo peor? Son «expertos» en todo, saben de psicología y todas sus ramas, imagen personal, política, cocina, moda, fitness, deporte, religión y hasta medicina. Sus opiniones pocas veces vienen acompañadas de buena intención, pero si de improperios. Sus consejos no solicitados, obviamente, son dados con muy poco tacto y todo basado en su experiencia personal, gustos y preferencias. Con estas actitudes, el irrespeto y la poca educación se ponen en evidencia, pero además, la poca paciencia, la envidia y la intolerancia a que otro piense distinto, lo que me hace preguntarme si es que vamos de mal en peor, o es que simplemente tenemos más acceso a algo que siempre ha existido. Me pregunto también ¿En que momento los demás asumieron el derecho de opinar con descortesía en nuestros espacios? Desde que empezamos a exponernos en las redes sociales, estas han tenido una casilla para comentarios, pero esto no quiere decir que debamos hacer uso de ella sin anteponer la ética, la moral y sobre todo el respeto.

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Qué bueno que existe la libertad de expresión, que bueno que decir lo que pienso y siento, siempre y cuando esté dentro del marco de la verdad, sea un derecho humano ¡Qué bueno, me alegro!

Me alegro de que hoy pueda dar mi opinión libremente sobre cualquier tema. Pero he notado que este derecho está sumamente desvirtuado por muchos y esto es casi palpable en las redes sociales, pues bajo el alegato de «esa es mi opinión», muchos «comentaristas» disparan ofensas, críticas e insultos sin ton ni son. Sé que esto no es nuevo, al menos en este país la gente da consejos que no le piden (hasta yo lo he hecho), pero casi siempre bajo buena fe. El problema es que ha habido una proliferación de «opinólogos» malintencionados en línea, que emiten un palabrerío que quizás no se atreverían a decir cara a cara. ¿Lo peor? Son «expertos» en todo, saben de psicología y todas sus ramas, imagen personal, política, cocina, moda, fitness, deporte, religión y hasta medicina. Sus opiniones pocas veces vienen acompañadas de buena intención, pero si de improperios. Sus consejos no solicitados, obviamente, son dados con muy poco tacto y todo basado en su experiencia personal, gustos y preferencias.

Con estas actitudes, el irrespeto y la poca educación se ponen en evidencia, pero además, la poca paciencia, la envidia y la intolerancia a que otro piense distinto, lo que me hace preguntarme si es que vamos de mal en peor, o es que simplemente tenemos más acceso a algo que siempre ha existido. Me pregunto también ¿En que momento los demás asumieron el derecho de opinar con descortesía en nuestros espacios?

Desde que empezamos a exponernos en las redes sociales, estas han tenido una casilla para comentarios, pero esto no quiere decir que debamos hacer uso de ella sin anteponer la ética, la moral y sobre todo el respeto.

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Replantearse la vida https://www.sheilamatias.com/replantearse-la-vida/ https://www.sheilamatias.com/replantearse-la-vida/#respond Mon, 09 May 2016 16:09:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2016/05/09/replantearse-la-vida/ A veces es necesario parar, decirle a la prisa que lleva esta vida «Dame un segundo, necesito estar conmigo», porque el querer tener, el poseer y el querer lograr, puede hacer que nos olvidemos de nosotros mismos. Yo me encuentro en ese preciso momento; hasta hace poco iba con mucha prisa, tanta que continuaba en el mismo lugar. Pero un día normal, una voz hizo tanto ruido que tuve que detenerme a escucharla; ella me preguntó: “¿Eres verdaderamente feliz? ¿Acaso te gusta quién eres?”. Yo con mucha tristeza, pero realmente convencida, le dije que no y ella sin pensarlo un solo segundo me dijo: “Pues ¿Qué esperas? ¡Suelta!”. Y sus palabras me dieron tanto alivio que sentí como iba dejando el peso que había llevado por mucho tiempo. No había caído en cuenta de que tenía y tengo opciones y de que la esclavitud no existe más allá de mi mente. Me había condenado a sueños y situaciones que no eran para mí; reconocí que me había olvidado completamente de lo que soy, para pasar a ser alguien que no me gusta, alguien a quien no conozco; entendí que puedo ser luz y no sombra y que puedo cambiar el rumbo de las cosas y  de mi vida. Esa voz, mi conciencia, me dijo que nuestro paso por el mundo es tan corto para estar donde no se quiere estar, hacer lo que no se quiere hacer, ser quien no quieres ser y que se vale replantearse la vida, tantas veces como sea necesario. Aquí voy, ligera de equipaje. Puedo decir que me conozco verdaderamente y que ya estoy lista para seguir en el camino. Camino no necesariamente corto y fácil, pero el que tomaré sabiéndome yo, queriéndome más y gustándome más, así imperfecta.

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A veces es necesario parar, decirle a la prisa que lleva esta vida «Dame un segundo, necesito estar conmigo», porque el querer tener, el poseer y el querer lograr, puede hacer que nos olvidemos de nosotros mismos.

Yo me encuentro en ese preciso momento; hasta hace poco iba con mucha prisa, tanta que continuaba en el mismo lugar. Pero un día normal, una voz hizo tanto ruido que tuve que detenerme a escucharla; ella me preguntó: “¿Eres verdaderamente feliz? ¿Acaso te gusta quién eres?”. Yo con mucha tristeza, pero realmente convencida, le dije que no y ella sin pensarlo un solo segundo me dijo: “Pues ¿Qué esperas? ¡Suelta!”. Y sus palabras me dieron tanto alivio que sentí como iba dejando el peso que había llevado por mucho tiempo.

No había caído en cuenta de que tenía y tengo opciones y de que la esclavitud no existe más allá de mi mente. Me había condenado a sueños y situaciones que no eran para mí; reconocí que me había olvidado completamente de lo que soy, para pasar a ser alguien que no me gusta, alguien a quien no conozco; entendí que puedo ser luz y no sombra y que puedo cambiar el rumbo de las cosas y  de mi vida.

Esa voz, mi conciencia, me dijo que nuestro paso por el mundo es tan corto para estar donde no se quiere estar, hacer lo que no se quiere hacer, ser quien no quieres ser y que se vale replantearse la vida, tantas veces como sea necesario.

Aquí voy, ligera de equipaje. Puedo decir que me conozco verdaderamente y que ya estoy lista para seguir en el camino. Camino no necesariamente corto y fácil, pero el que tomaré sabiéndome yo, queriéndome más y gustándome más, así imperfecta.

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Crecer https://www.sheilamatias.com/y-cuando-senti-que-tu-lado-mi-corazon/ https://www.sheilamatias.com/y-cuando-senti-que-tu-lado-mi-corazon/#respond Tue, 17 Nov 2015 00:52:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2015/11/17/y-cuando-senti-que-tu-lado-mi-corazon/ Y cuando sentí que a tu lado mi corazón era amargo, me alejé…

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Y cuando sentí que a tu lado mi corazón era amargo, me alejé…

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Mi vida entre pañales: Lo que nadie te dice https://www.sheilamatias.com/mi-vida-entre-panales-lo-que-nadie-te/ https://www.sheilamatias.com/mi-vida-entre-panales-lo-que-nadie-te/#respond Thu, 01 Oct 2015 01:31:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2015/09/30/mi-vida-entre-panales-lo-que-nadie-te/ Y ahí estaba…El día mas esperado de mi vida, mis cambios y síntomas tenían nombre, se llamaban BEBÉ. Para mí, esas 8 letras de la palabra POSITIVO han sido las más lindas y emocionantes que leí jamás, tanto que lloré. Mi hijo fue anhelado, buscado y esperado y la ilusión por mi embarazo llegó al instante, no cabíamos en la ropa, la familia estaba contenta y mi esposo cantaba en todos lados: «¡Ya voy a ser papá, ya voy a ser papá!». Un bebé en la mayoría de los casos es motivo de felicidad, celebración y alegría. Y así lo vivimos, la felicidad, la ilusión, todo eso estaba, la asignación de roles en la familia fue al instante y el futuro era más claro, ya me imaginaba a mi hijo o hija, me veía cuidándolo y amándolo, podría decirse que flotaba.  Pero luego de varias semanas, así de repente, se coló en mí un sentimiento del que nadie te habla y mucho menos te dice que viene acompañado de culpa, esto también tenía nombre, era MIEDO A SER MAMÁ: «¿Y ahora qué?», pensaba. «Ahora hay un ser que depende de mí, si no hace mucho la que era cuidada era yo», «Todo cambiará», me repetía. Había todo un torbellino en esta cabeza y lo admito, soy miedosa empedernida, pero esto era algo más, estaba aterrada y lo que sentía no me gustaba, no se sentía bien: ¿Qué me pasa?, ¿Por qué me siento así?, ¿Será que no quiero a mi hijo?, ¡Aún mi hijo no nace y ya soy mala madre!. Necesitaba hablar con alguien, pero no con la familia ¿Qué iban a pensar?, si yo misma me juzgaba. Llegué a hablar con una o quizás dos mujeres que ya eran madres y con las que me sentía en confianza de confesarles lo que me pasaba, pero eso no ayudó, más bien parecían no comprender, no sé, quizás no les pasó lo mismo y no pudieron darme las palabras de aliento y calma que necesitaba escuchar. En ese momento no hubo cura, seguía con mi miedo al miedo. Y un día, me fui a dormir con todo y miedo, con todo y culpa y esa misma noche soñé con mi hijo, parecía de algunos dos o tres años, entrábamos a un cementerio, alguien o algo sería enterrado, es lo único que recuerdo. Un sueño perturbador para una mujer embarazada, soñar con su hijo en un lugar que representa tristeza y dolor, pero en mi caso fue todo lo contrario, porque a la mañana siguiente el miedo por convertirme en madre se había ido y nunca volvió. Al parecer Dios, el Universo o como quieras llamarle me dijo que no había porque temer, porque el regalo que recibiría era más grande que el miedo que sentía. Parece fantasioso, parece mito, pero así pasó, mi hijo y yo enterramos el miedo y no voy a decir que no lo he vuelto a sentir, pues creo que es una característica de las madres, nos da miedo que se enfermen o que algo les pase, es nuestro instinto, es lo que nos hace protectoras, pero el terror por tenerlo no volvió, ni volverá y la forma en que se marchó fue la primera afirmación y muestra de la fuerza y poder que te da la maternidad.

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Y ahí estaba…El día mas esperado de mi vida, mis cambios y síntomas tenían nombre, se llamaban BEBÉ. Para mí, esas 8 letras de la palabra POSITIVO han sido las más lindas y emocionantes que leí jamás, tanto que lloré. Mi hijo fue anhelado, buscado y esperado y la ilusión por mi embarazo llegó al instante, no cabíamos en la ropa, la familia estaba contenta y mi esposo cantaba en todos lados: «¡Ya voy a ser papá, ya voy a ser papá!». Un bebé en la mayoría de los casos es motivo de felicidad, celebración y alegría. Y así lo vivimos, la felicidad, la ilusión, todo eso estaba, la asignación de roles en la familia fue al instante y el futuro era más claro, ya me imaginaba a mi hijo o hija, me veía cuidándolo y amándolo, podría decirse que flotaba. 

Pero luego de varias semanas, así de repente, se coló en mí un sentimiento del que nadie te habla y mucho menos te dice que viene acompañado de culpa, esto también tenía nombre, era MIEDO A SER MAMÁ: «¿Y ahora qué?», pensaba. «Ahora hay un ser que depende de mí, si no hace mucho la que era cuidada era yo», «Todo cambiará», me repetía. Había todo un torbellino en esta cabeza y lo admito, soy miedosa empedernida, pero esto era algo más, estaba aterrada y lo que sentía no me gustaba, no se sentía bien: ¿Qué me pasa?, ¿Por qué me siento así?, ¿Será que no quiero a mi hijo?, ¡Aún mi hijo no nace y ya soy mala madre!.

Necesitaba hablar con alguien, pero no con la familia ¿Qué iban a pensar?, si yo misma me juzgaba. Llegué a hablar con una o quizás dos mujeres que ya eran madres y con las que me sentía en confianza de confesarles lo que me pasaba, pero eso no ayudó, más bien parecían no comprender, no sé, quizás no les pasó lo mismo y no pudieron darme las palabras de aliento y calma que necesitaba escuchar. En ese momento no hubo cura, seguía con mi miedo al miedo.

Y un día, me fui a dormir con todo y miedo, con todo y culpa y esa misma noche soñé con mi hijo, parecía de algunos dos o tres años, entrábamos a un cementerio, alguien o algo sería enterrado, es lo único que recuerdo. Un sueño perturbador para una mujer embarazada, soñar con su hijo en un lugar que representa tristeza y dolor, pero en mi caso fue todo lo contrario, porque a la mañana siguiente el miedo por convertirme en madre se había ido y nunca volvió. Al parecer Dios, el Universo o como quieras llamarle me dijo que no había porque temer, porque el regalo que recibiría era más grande que el miedo que sentía.

Parece fantasioso, parece mito, pero así pasó, mi hijo y yo enterramos el miedo y no voy a decir que no lo he vuelto a sentir, pues creo que es una característica de las madres, nos da miedo que se enfermen o que algo les pase, es nuestro instinto, es lo que nos hace protectoras, pero el terror por tenerlo no volvió, ni volverá y la forma en que se marchó fue la primera afirmación y muestra de la fuerza y poder que te da la maternidad.

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El mundo no sabe. https://www.sheilamatias.com/el-mundo-no-sabe/ https://www.sheilamatias.com/el-mundo-no-sabe/#respond Sun, 08 Mar 2015 22:26:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2015/03/08/el-mundo-no-sabe/ El mundo te prefiere sumisa. Quiere verte caminando detrás de el, siguiendo sus lineamientos, asintiendo a sus deseos; quiere que tus sí sean sus sí, que tus no sean sus no. Quiere verte sin voz propia, que seas de temperamento apacible y moldeable. El mundo quiere que le brindes una sonrisa siempre, aunque sea falsa. Eres perfecta si puede manejarte a su antojo. El mundo quiere verte hundida y triste, para alimentar su ego y jactarse de sus logros. Logros que no llenan el alma, la mente, ni el corazón. El mundo te prefiere débil y si no obtienes logros, mejor. Quiere que recorras su camino y que estés contenta de hacerlo; quiere arrastrarte consigo, para sentir que venció. El mundo no desaprovecha oportunidad para con el pecho inflado, creer que te llena los ojos, como se llenan los de los que tienen la mente pequeña. El mundo no sabe que con sus palabras te demuestra la tristeza y las heridas que lleva en el alma. No sabe que lo verdadero no se toca y que el camino que sigues, es el que lleva al amor propio, el que te brinda sonrisas diarias y te hace reír a carcajadas. El mundo no sabe que ya no te importa si le duele, pero que a partir de hoy, le llevas la contraria.

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El mundo te prefiere sumisa. Quiere verte caminando detrás de el, siguiendo sus lineamientos, asintiendo a sus deseos; quiere que tus sí sean sus sí, que tus no sean sus no. Quiere verte sin voz propia, que seas de temperamento apacible y moldeable. El mundo quiere que le brindes una sonrisa siempre, aunque sea falsa. Eres perfecta si puede manejarte a su antojo. El mundo quiere verte hundida y triste, para alimentar su ego y jactarse de sus logros. Logros que no llenan el alma, la mente, ni el corazón.

El mundo te prefiere débil y si no obtienes logros, mejor. Quiere que recorras su camino y que estés contenta de hacerlo; quiere arrastrarte consigo, para sentir que venció. El mundo no desaprovecha oportunidad para con el pecho inflado, creer que te llena los ojos, como se llenan los de los que tienen la mente pequeña.

El mundo no sabe que con sus palabras te demuestra la tristeza y las heridas que lleva en el alma. No sabe que lo verdadero no se toca y que el camino que sigues, es el que lleva al amor propio, el que te brinda sonrisas diarias y te hace reír a carcajadas. El mundo no sabe que ya no te importa si le duele, pero que a partir de hoy, le llevas la contraria.

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«The comeback». https://www.sheilamatias.com/the-comeback/ https://www.sheilamatias.com/the-comeback/#respond Sat, 18 Aug 2012 15:14:00 +0000 http://www.afaltadepsicologo.com/index.php/2012/08/18/the-comeback/ Hace tiempo prometí volver y no cumplí. Juro que no mentía, fue solo que un día dejé de escribir, olvidé el lápiz, la libreta y el teclado, para dar a luz, criar y trabajar; me hice presa de la rutina y las responsabilidades, hasta pensé que este espacio sería echado al olvido, pero la musa, que no me olvidó como lo hizo alguna vez, se ha trasladado a otros rincones y me visita a diario, inclusive de madrugada y aunque quisiera dormir, no me molesta que no me avise. He emprendido nuevos proyectos, de los cuales es responsable, como también lo es de que hoy esté escribiendo nueva vez, ella me conoce y sabe el deseo que tenía de retomar este espacio mio, aunque sirve de entretenimiento y lectura para ustedes. Durante todo este tiempo de ausencia, han pasado eventos que han tornado mi vida en una muy poco parecida a la de antes. Para mis últimos posts por ejemplo, estaba recién casada, trabajaba y vivía en otro lugar y no era madre de Luis Manuel, mi bebé de 2 años y medio, lo que deriva en que antes dormía mas, salía mas y me preocupaba menos. Lo cierto es que aún con todo eso, no cambiaría nada, excepto agregarle un poco más de 24 horas al día. Ahora tengo mayor conciencia de lo que quiero y disfruto, por eso hoy le he hecho un pequeño espacio a la escritura y estoy reabriendo y desempolvando este blog, por ahí mismo aproveché y le «lavé la cara», venía haciéndolo hace tiempo y cambié tantas plantillas como mujer vestidos cuando va a salir. Al final se quedó sencillo, tal como prefiero las cosas. A los que ya me leían ¡Hola! y a los que me leen por primera vez ¡Bienvenidos!. Este es mi blog «A falta de psicólogo», el que abrí una vez para expresar mi verdadero yo, sin complejos y sin correcciones de estilo.

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Hace tiempo prometí volver y no cumplí. Juro que no mentía, fue solo que un día dejé de escribir, olvidé el lápiz, la libreta y el teclado, para dar a luz, criar y trabajar; me hice presa de la rutina y las responsabilidades, hasta pensé que este espacio sería echado al olvido, pero la musa, que no me olvidó como lo hizo alguna vez, se ha trasladado a otros rincones y me visita a diario, inclusive de madrugada y aunque quisiera dormir, no me molesta que no me avise. He emprendido nuevos proyectos, de los cuales es responsable, como también lo es de que hoy esté escribiendo nueva vez, ella me conoce y sabe el deseo que tenía de retomar este espacio mio, aunque sirve de entretenimiento y lectura para ustedes.

Durante todo este tiempo de ausencia, han pasado eventos que han tornado mi vida en una muy poco parecida a la de antes. Para mis últimos posts por ejemplo, estaba recién casada, trabajaba y vivía en otro lugar y no era madre de Luis Manuel, mi bebé de 2 años y medio, lo que deriva en que antes dormía mas, salía mas y me preocupaba menos. Lo cierto es que aún con todo eso, no cambiaría nada, excepto agregarle un poco más de 24 horas al día.

Ahora tengo mayor conciencia de lo que quiero y disfruto, por eso hoy le he hecho un pequeño espacio a la escritura y estoy reabriendo y desempolvando este blog, por ahí mismo aproveché y le «lavé la cara», venía haciéndolo hace tiempo y cambié tantas plantillas como mujer vestidos cuando va a salir. Al final se quedó sencillo, tal como prefiero las cosas.

A los que ya me leían ¡Hola! y a los que me leen por primera vez ¡Bienvenidos!. Este es mi blog «A falta de psicólogo», el que abrí una vez para expresar mi verdadero yo, sin complejos y sin correcciones de estilo.

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